Pero en el caso de las amas de casa,
trabajadores eventuales y muchos de los extranjeros
que por desconocimiento o rechazo no aportan al
seguro social, deben pagar por sí mismo al seguro
nacional de jubilación (kokumin nenkin) que se
tramita en la municipalidad. Son 14.410 yenes por
mes, al menos por el momento, y con 40 años de
aporte como activo podrán cobrar casi 800.000 yenes
al año, unos 67.000 yenes por mes (al cambio en
dólares serían unos U$S 650). Si el aporte es de 25
años, el requisito básico para cobrar la jubilación,
sería de unos 600.000 yenes anual, unos 50.000 por
mes, casi 500 dólares.
Muchos se preguntan si es posible
vivir con esta suma en Japón; y la respuesta es NO,
aunque no son pocas las parejas de jubilados
japoneses que, de hecho, viven con unos 120.000 a
150.000 yenes mensual. Según datos de la OCDE la
tasa de pobreza de los mayores de 65 años de edad de
Japón es del 21.1%, cuando el promedio de los países
miembros es del 13.3%. En Estados Unidos es del
24.6%, en Australia del 23.6% y en México del 28.4%.
Si bien es cierto que los retirados poseen una
importante porción de los ahorros particulares que
suman 3 veces el valor del PBI anual que es 4.7
billones de dólares (4.5 veces el PBI de Brasil y 45
veces la de Perú), también es cierto que muchas
familias de jubilados viven con lo justo, pues el
20% de los ancianos que viven solos destinan apenas
270 yenes por comida y para cubrir otros gastos
deben utilizan sus ahorros.
Sin embargo, ¿cuántos jubilados
cobran el equivalente a más de 500 dólares en
algunos de los países donde son oriundos los
migrantes latinos en Japón?
Si el "dekasegui" latino aportase al
seguro social -shakai hoken- cobraría también la
parte proporcional a sus ingresos y el valor de la
jubilación mensual sería mucho más alto que el
básico.
En una palabra, los latinos que
trabajan en Japón, si aportan, tendrían la opción de
cobrar y vivir el día de mañana en su país donde el
costo de vida es mucho menor que Japón. Algunos se
preguntarán si dentro de 10, 15 ó 20 años esa
situación puede continuar. Es muy posible que Perú
como el Brasil aumenten sus ingresos promedio
individual, que el costo de vida sea mayor que
ahora, etc, pero es muy difícil pensar que el
ingreso promedio llegue a los 37.000 dólares anual
que tiene Japón (desde luego que existe la
posibilidad de que este valor promedio baje, pero
nadie puede decir a cuánto). Hoy, al año 2008,
Brasil tiene casi U$S 6.000 y el Perú casi U$S
4.000. No es fácil estimar ni adivinar lo que puede
ocurrir dentro de 10 ó 15 años, pero a los latinos
de Japón les queda esa opción de retornar a su
propio país donde tal vez puedan vivir un poco mejor
que un jubilado japonés con lo justo.
Para eso y más allá de esta
expectativa es necesario que aporten a la jubilación
japonesa. Además de ser una obligación es necesario
que asuman que si no son capaces de asumir los
costos como jubilado el día de mañana pueden
provocar gastos a sus hijos y a sus familias y eso
podría provocar situaciones de tensión o aislamiento
familiar que ya se observa en algunos casos. Los
padres creen que tienen el "derecho" de que merecen
la comprensión y la ayuda económica de sus hijos por
todo el esfuerzo que han hecho hasta ahora, en su
país y en el Japón, pero los hijos, algunos un tanto
resentidos por haberlos traído a Japón o porque aquí
se están dando cuenta que no pueden mejorar
sustancialmente sus ingresos como para mantener "dos
familias", comienzan a tomar distancia de sus
padres. Las "expectativas" de los padres difiere de
las de los hijos y eso trae una situación de
paulatino alejamiento.
No hay que olvidar que se requiere
25 años de aporte para cobrar la jubilación, pero si
tienen la residencia permanente (visado) gozan de
los mismos derechos que los japoneses y pueden
cobrar de la misma manera que los nacionales de este
país aunque no tengan esos años exigidos.